Macri y el ajuste como política: quemar las naves para saltar a un mar embravecido

Macri y el ajuste como política: quemar las naves para saltar a un mar embravecido

La semana pasada, el gobierno nacional agitó la arena política con el anuncio de un nuevo triple ajuste.

Se trata de la reducción de un 66% el monto total pagado en concepto de reintegros a la exportación; suspensión por 6 meses de la baja establecida en derechos de exportación a la soja para aceites y harinas; y la eliminación del Fondo Federal Solidario (FFS).

Al respecto, mediante un escueto comunicado oficial, el Ministerio de Hacienda que conduce Nicolás Dujovne informó que dichas medidas generarían ahorro fiscal estimado de 12.500 millones de pesos para lo que resta de 2018 y 53.000 millones de pesos para 2019. Lo que no indica ningún párrafo del parte de prensa oficial es que el nuevo ajuste afecta al sector privado y al público provincial y municipal, o sea que la gran beneficiaria es la Nación, que suma recursos financieros.

Como contrapartida tiene, por supuesto, el costo político: repudio generalizado de productores, industriales y exportadores, al igual que de provincias y municipios, que con la pérdida del llamado Fondo Sojero tendrán una significativa merma de recursos para destinar a la obra pública, en un contexto en que ésta, salvo el área metropolitana nacional, es decir provincia y ciudad de Buenos Aires, se encuentra virtualmente paralizada.

En definitiva, otro capítulo más del ajuste y van… todo sea por cumplir las metas del acuerdo firmado, y defendido enérgicamente por Mauricio Macri, con el Fondo Monetario Internacional (FMI), para conseguir los dólares necesarios para frenar la corrida cambiaria y la consecuente crisis que generó.

Los dólares del Fondo llegan, pero la crisis se profundiza. Perdón, mala palabra, mejor digamos “tormenta”, como le gusta decir al Presidente de la Nación. Quién sabe, quizás alguien del “mejor equipo de los últimos años” leyó por algún lado que el primer paso para resolver una crisis (tormenta) económica, es recurrir a la Semántica.

Consecuencias de la tan anunciada y fallida “lluvia de inversiones extranjeras”, del plan económico impulsado por la gestión Macri que nunca terminó de convencer a inversores y ciudadanos, quienes, ante la ausencia de resultados promisorios y la presencia de retrocesos, inflación, suba de tasas y corrida cambiaria, se volcaron a Lebacs y al dólar. Pero nadie en el Gobierno nacional se atrevería a decir públicamente que ese plan implementado fracasó, porque no hay plan B. Por el contrario, el plan B es profundizar el plan A, a pesar de lo que especialistas, empresarios, inversores, el público en general y la realidad misma tengan que decir al respecto.

No son números, son familias

Además de esta tríada de medidas que configuraron el más reciente ajuste, de un tiempo a esta parte podemos recordar como muchos otros sectores sufrieron las consecuencias de la política económica de la gestión Macri.

Los empleados estatales estuvieron entre los primeros, con recortes en las distintas empresas del Estado Nacional, Ministerios, agencias. Le siguió la obra pública, salvo las destacadas excepciones señaladas previamente, Así, el interior perdió las tan necesarias obras de infraestructura para reducir la brecha de desarrollo con la zona metropolitana, además del efecto multiplicar de la construcción en la economía local y regional. Las provincias también vieron como en forma sistemática perdían partidas asignadas a programas específicos, incluso en áreas sensibles como salud y educación.

El recorte a los subsidios en materia de servicios públicos tuvo el consecuente incremento en las tarifas, depreciando el poder adquisitivo de la ciudadanía, y desequilibrando el esquema de negocios de la industria y el comercio. Aumentaron los costos, se abrieron las importaciones de todos los bienes y servicios imaginables, la presión fiscal nunca disminuyó y los números dejaron de cerrarles a muchas pequeñas, medianas y grandes empresas.

Por ende, mientras se reducía el empleo en el sector público, se destruían puestos de trabajo en el privado, por lo que aquella creación de aisladas nuevas oportunidades laborales no alcanzaba a cubrir la cada vez más creciente demanda. Despidos en el Estado nacional, también en el sector privado, a los que se suman suspensiones periódicas en fábricas por todo el territorio nacional, repercutieron gravemente en los índices de desocupación.

A los jubilados, sector vulnerable si los hay, también “les metieron la mano en el bolsillo”. Por su parte, las universidades nacionales sufren la desidia de dirigentes para quienes la Universidad Pública y Gratuita no cumple un rol fundamental en nuestra sociedad. Podemos mencionar asimismo aumentos salariales en los sectores público y privado por debajo de la inflación real, la cual es, para no entendernos demasiado, la Reina del Baile.

El futuro no es promisorio

Podríamos seguir líneas y líneas recordando los numerosos y coloridos ajustes emprendidos desde Nación con miras al declarado objetivo de reducir el déficit fiscal. Objetivo loable de por sí, pero que este Gobierno persigue sin pensar en las consecuencias, en las personas, en las familias, para contentar al FMI, para que sigan llegando los dólares del empréstito solicitado para que aguantes como sea las reservas ante el vaciamiento que sus erradas políticas económicas generaron, agravaron y no tienen visos de un desenlace favorable, porque a medida que llegan divisas se esfuman ante la desconfianza de los mercados, con un Riego País que crece sin cesar.

No son medidas de fondo tampoco como para solucionar problemas estructurales de la Argentina. Para lograr el crecimiento y desarrollo necesarios para generar las condiciones que nos permitan a los argentinos terminar con el autodestructivo ciclo de políticas cortoplacistas, crisis (no “tormenta”, ni “tormentita”, “viento de frente”, o cualquiera de los otros eufemismos que tan creativamente usan Macri y los voceros del Gobierno) y ajustes, desocupación, crecimiento de la pobreza e indigencia, inflación, depreciación de nuestra moneda, endeudamiento.

Y mientras el país entra en esta espiral descendente, hay un sector que se beneficia de las políticas de Cambiemos, un grupo al que le cumplieron su promesa de campaña, una de las pocas que realmente cumple este Gobierno nacional: el campo.

No nos confundamos, no es todo el campo. Las economías regionales están cada vez peor. Falta de políticas claras y direccionadas, aumentos de los costos, apertura de importaciones, entre otras desventajas arman un combo explosivo.

“El campo” es ese grupo de la Pampa Húmeda que produce y exporta cereales y oleaginosas. Enemistado a muerte con el Kirchnerismo desde la Resolución 125, los productores de soja y sus pares impulsaron y apoyaron a Mauricio Macri, quien reacio a enemistarse con este sector de la economía rechaza dar marcha atrás con la prometida paulatina disminución de las retenciones.

Paradójicamente, revertir esa disminución, o al menos suspenderla unos meses, le aportaría los recursos para obtener oxigeno financiero y político a la espera de que mejoren o se estabilicen las condiciones macroeconómicas. Y lo haría afectando a un sector que, a diferencia de tantos otros, mejoró sensiblemente sus condiciones desde la llegada de este Gobierno. Incluso la corrida cambiaria repercute a su favor.

Pero Macri no quiere saber nada con contrariar al campo. Mientras tanto, genera críticas, rechazo y repudio en todos los ámbitos posibles. Pero solo continúa postergando lo inevitable. Porque tocar los intereses de la Pampa Húmeda, en este escenario, donde los índices económicos empeoran todos los días, es una cuestión de tiempo.

Ese día llegará, más temprano que tarde. Entonces, el Gobierno nacional ya no tendrá el apoyo de uno de los pilares que lo ayudaron a llegar a la Presidencia. Tampoco podrá congraciarse con todos los actores que fue desilusionando en estos casi tres años de gestión.

¿Cómo podrá entonces, Mauricio Macri, sacar de la crisis a la Argentina prácticamente sin apoyo de ningún sector de la sociedad? ¿Qué confianza generará, cuánta credibilidad tendrá ante la ciudadanía, después de años de políticas erradas y resultados funestos?

En estas condiciones, si no hay un cambio drástico de escenario, el sueño reeleccionista de Cambiemos a nivel nacional para 2019, ya sea con Macri, María Eugenia Vidal u Horacio Rodríguez Larreta, no tiene sustento. La economía manda. La gente vota con el bolsillo. El futuro no es promisorio para el PRO. Tampoco para los argentinos si continúan estas políticas que solo buscan congraciarse con el FMI.

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